El zen

 

El Zen es un camino espiritual que, aunque proviene del budismo, no está ligado a ninguna religión concreta. Se dice que “el Zen es una transmisión fuera de toda doctrina; no se basa en palabras ni escritos.” Por eso es adecuado para cualquier persona que busque encontrar respuestas a las preguntas existenciales de la vida.

 

El Zen es una práctica a través de la cual tratamos de alcanzar la experiencia del despertar a la Realidad verdadera y, con ello, a nuestro verdadero Ser, desde donde brota la fuerza que sostiene la vida cotidiana. Esta experiencia ―satori (iluminación)― es una experiencia humana universal, transcendente y transreligiosa, que nos lleva a la paz, la sabiduría y la transformación.

 

El Zen es una práctica de meditación sin objeto, es decir, sin permanecer apegado a ninguna idea o concepto. Es una práctica que se realiza con atención plena, que primeramente nos lleva a nuestro Ser más íntimo y luego hacia las demás personas, animales, plantas y cosas. Con el tiempo nos permite alcanzar una libertad interior que escapa a cualquier descripción.

 

El Zen arranca de la experiencia de Shakyamuni Buda (Buda: el Despierto, el Iluminado), quien vivió cinco siglos a.C. en lo que hoy es Nepal. Una mañana, después de muchos años de severas prácticas de meditación, cayó en la cuenta de la Realidad no dual al ver aparecer en el cielo el planeta Venus.

 

La palabra Zen es una abreviatura de la palabra japonesa zenna, que proviene del chino chan; y chan, a su vez, proviene del término sánscrito dhyāna, que significa “recogimiento de la mente”, recogimiento que propicia un abismamiento al margen de cualquier discriminación dualista. La meta del Zen es esa experiencia de iluminación ―satori― que tuvo Shakyamuni Buda. Se trata de llegar a conocer por experiencia propia la sabiduría perenne: “hay una Realidad que precede cielo y Tierra.” (Daiō Kokushi)

 

En el siglo VI, especialmente a través del monje Bodhidharma, el dhyāna llega a China, donde es influenciado por el taoísmo. En el siglo XII el maestro Eisai lo lleva a Japón, donde adquiere un carácter propio, y en el siglo XX llega a Occidente, donde todavía está en fase de inculturización, lo que permite que las personas laicas y religiosas puedan acceder fácilmente a su práctica.

 

El Zen es un camino espiritual cuya estructura exterior puede cambiar, pero cuya esencia no se puede falsear: “el dharma (la Verdad) no necesita defensores.

 

Siendo transconfesional, no hay Zen budista o Zen cristiano, sino simple y llanamente Zen. Del mismo modo, tampoco hay maestros Zen budistas, sino maestros Zen que son budistas y maestros Zen que son cristianos, o bien que no pertenecen a ninguna confesión.

 

No se debería comparar nunca la parte confesional de una religión con el camino de la experiencia espiritual de otra religión; es decir, no se debería comparar cristianismo con Zen, sino mística con Zen. La persona auténticamente religiosa no se caracteriza por su confesión, sino que va más allá de su credo. Religión es la experiencia de lo Divino, de lo Absoluto en el aquí y ahora ― de la Nada, como la llama San Juan de la Cruz.

 

Por lo tanto, cualquier persona puede practicar Zen con independencia de su confesión, creencia o no creencia. En el Zen se dice “mata al Buda y a los Patriarcas cuando te los encuentres”, al igual que el gran místico alemán Maestro Eckhart decía “pido a Dios que me libre de Dios.” Es por ello que la práctica del Zen puede transformar las ideas religiosas: la persona que irrumpe desde el Zen en una experiencia profunda comprenderá su confesión de una manera diferente, pero no como un obstáculo. Por ejemplo, un cristiano experimentará lo que ya también dijo el Maestro Eckhart, que “el Ser de Dios es mi propio Ser”.

 

Como escribió el gran maestro japonés Shibayama (siglo XX), “el Zen es la Verdad misma en el sentido más amplio del término, y debe ser entendido y utilizado por todo el género humano porque puede ayudar a formar y refinar el carácter del individuo, volviendo más profundo su pensamiento.



La escuela Sanbō-Zen:
la escuela de los tres tesoros

La escuela Sanbō-Zen (originalmente llamada Sanbō-Kyōdan) fue creada en Japón en 1954 por Yasutani Haku’un Ryoko (1885-1973), discípulo de Harada Daiun Sogaku (1871-1961). Yasutani abandonó su monasterio de la escuela Sōtō e incorporó en la escuela Sanbō-Zen el trabajo con los kōan y el dokusan (entrevista particular) de la escuela Rinzai. Le pareció que, combinando aspectos de las dos escuelas, revitalizaría la práctica del Zen, a la que cada día acudían más laicos.

  

El sucesor dharma de Yasutani fue Yamada Kōun Zenshin (1907-1989), el primer maestro Zen laico. Trabajó como director de un hospital y en 1970 se convirtió en presidente de la entonces llamada escuela Sanbō-Kyōdan. Junto con su mujer, la Dra. Kazue Yamada, construyó en Kamakura el San’un Zendo, el Zendo de las Tres Nubes: daiun (gran nube), haku’un (nube blanca) y kōun (nube que ara).

  

El sucesor dharma de Yamada Kōun Zenshin fue Kubota Ji’un Roshi (1932), quien en 1989 se convirtió en presidente de la todavía por entonces llamada escuela Sanbō-Kyōdan. En octubre de 2004 Kubota Ji’un Roshi dejó ese puesto a Yamada Ryōun Roshi (1940), hijo de Yamada Kōun Roshi.

  

También fueron nombrados sucesores dharma Robert Aitken en 1985 y Willigis Jäger en 1996.

La escuela Sanbō-Zen se está extendiendo cada vez más por el mundo y dispone de centros en la mayoría de los países europeos, así como en EEUU, Canadá, Japón, Singapur, Filipinas y Australia. Actualmente hay unos setenta maestros Zen enseñando su práctica por todo el mundo.

  

Web oficial Sanbō-Zen:

https://ssl.sanbo-zen.org/

Bibliografia recomendada

De Willigis Jäger

La oración contemplativa según San Juan de la Cruz, Obelisco, Barcelona

Encontrar a Dios hoy a través de la contemplación, Narcea, Madrid

En busca del sentido de la vida, Narcea, Madrid

En busca de la verdad, Desclée de Brouwer, Bilbao

La ola es el mar, Desclée de Brouwer, Bilbao

Adónde nos lleva nuestro anhelo, Desclée de Brouwer, Bilbao

En cada ahora hay eternidad, Desclée de Brouwer, Bilbao

Partida hacia un país nuevo, Desclée de Brouwer, Bilbao

La vida no termina nunca, Desclée de Brouwer, Bilbao

Sabiduría de Occidente y Oriente. Visiones de una espiritualidad integral, Desclée de Brouwer, Bilbao

 

Otros

Robert Aitken: La mente de trébol, Kolima (nueva traducción), Madrid

Robert Aitken: Emprendiendo el camino del Zen, Kolima (nueva traducción), Madrid

Robert Aitken: Un maestro Zen llamado cuervo, Siruela, Madrid

Robert Aitken: El dragón que nunca duerme, Vientos del Sur Ediciones, Argentina

Anselm Grün: La mitad de vida como tarea espiritual, Narcea

Anselm Grün: Nuestra propia sombra, Narcea, Madrid

Philip Kapleau: Los tres pilares del Zen, Gaia Ediciones, Móstoles

David Loy: Un nuevo sendero budista, Kairós, Barcelona

David Loy: El gran despertar. Una teoría social budista, Kairós, Barcelona

Carmen Monske: Bailin, el templo de los cipreses en Chao Chou, revista Cistercium, n.º 244, 2006, pp. 463-472.

VVAA: Cincuenta cartas a Dios (incluye cartas de Willigis Jäger y Carmen Monske), Editorial PPC, Madrid

Sangha Baika-An: Cuadernos de recitaciones Zen y Cuadernos de contemplación (de venta únicamente en los sesshin)